El método de negociación de Harvard es uno de los más utilizados en empresas y organizaciones de todo el mundo. Caracterizado por su simplicidad y funcionalidad, pasa por ser una técnica colaborativa con la que ambas partes pueden llegar a ver satisfechos sus distintos intereses. Sin embargo, su aplicación  de cara a desbloquear el mapa político dibujado en España tras las elecciones generales del pasado 20 de diciembre, en concreto en lo que concierne a las políticas de pactos o coaliciones, no se presenta precisamente fácil por la profunda y tradicional ideologización de nuestro escenario político.

El método Harvard cuenta entre sus premisas principales con la exigencia de una comunicación clara y coherente en la que las partes negociadoras transmiten sin medias tintas y de forma coherente cuáles son sus intereses, algo que ahondará en las condiciones de confianza de la relación y otorgará más posibilidades de éxito a la negociación. Si volvemos a intentar trasladar esta condición al terreno político, nos encontramos no solo con las expectativas e intereses de las partes dialogantes, sino también con las necesidades y derecho a saber de otro actor, la ciudadanía, así como con una exigencia fundamental en los tiempos que corren: la necesidad de transparencia del proceso de cara a la sociedad.

Dicen que la cultura política española no es de pactos, y lo cierto es que se trata de una verdad a medias.

En realidad PP y PSOE solo han disfrutado hasta ahora en diez legislaturas de cuatro mayorías absolutas, siendo pactos parlamentarios con partidos regionalistas y nacionalistas los que han permitido la gobernabilidad en el resto.

Sí es cierto que no estamos acostumbrados a ver Gobiernos de coalición a nivel nacional, pero esta necesidad llegaría tarde temprano a nuestro país, habida cuenta de que tras la crisis económica (que ha traído consigo la aparición de nuevos partidos emergentes y mayor fragmentación del voto) los Gobiernos de coalición se han instalado en 24 de los 28 Estados de la Unión Europea.

Por su parte, los Gobiernos de coalición en Comunidades Autónomas y Ayuntamientos españoles sí que han sido de lo más habituales, como podemos ver en el siguiente gráfico.

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Fuente: Observatorios de los Gobiernos de Coalición UB – Politikón

Era cuestión de tiempo vernos en esta tesitura, aunque es un hecho que cuesta imaginarse nuestro escenario político nacional dominado por el pacto en lugar de por la bronca, siendo esta última mucho más rentable bajo el prisma electoralista que los pactos, por los que se acaba pagando un precio en términos de votos porque estos implican, al fin y al cabo, posicionarse en un escenario ideologizado y polarizado: estás conmigo o contra mi; eres de los unos o de los otros. Es posible que por esta razón las expectativas electorales de los partidos primen más que las meramente políticas, y que prefieran resolver sus diferencias en las urnas.

Dicen que a la cultura política española le ha costado subirse al carro de la transparencia. Y es verdad.

Quizá ésta es la cuestión que debiéramos plantearnos con mayor motivo. La Ley de Transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno llegó a España con un retraso histórico. Llegó tarde y regular, ya que, por poner un ejemplo, se articuló el derecho de acceso a la información pública no como un derecho fundamental (de ahí que la protección de datos siga primando en algunos aspectos). A pesar de los avances, España sigue, sin ir más lejos, sin ratificar el Convenio 205 del Consejo de Europa sobre acceso a los documentos públicos.

Qué duda cabe que los pactos parlamentarios y/o de Gobierno serían buenos en términos de transparencia, Y qué duda cabe que se exige en su desarrollo también la máxima transparencia. 

Con la primera afirmación quiero decir que una coalición gubernamental procurará seguramente una acción de gobierno más transparente con mayor apertura de información y rendición de cuentas. Del mismo modo, una coalición puede facilitar políticas más reformistas e incluso una mayor legitimidad en las decisiones adoptadas, ya que tienen una base de apoyo social expresada en las urnas más amplia.

Alcanzar una coalición o un pacto postelectoral, sea en el ámbito parlamentario o de Gobierno exige igualmente la máxima transparencia, algo de lo que, por desgracia, se habla menos.

Proceso de negociación de la coalición o pacto – Transparencia en tres  etapas: 

  1. Proceso de negociación lo más abierto posible. Conocer cuestiones tales como: quién negocia (interlocutores), cuándo (calendario reuniones), y qué (cargos, políticas, acuerdos y desacuerdos).  Aquí el proceso puede ser más o menos abierto: desde reuniones públicas hasta dar simple cuenta del transcurso de las negociaciones, pasando por publicar las actas de las mismas.
  2. Acuerdo por escrito y público. Se trata de que se pongan de manifiesto, por escrito y de forma pública, los puntos del acuerdo alcanzado, incluyendo una agenda común de Gobierno, con sus prioridades políticas, así como, en su caso, con actuaciones parlamentarias.
  3. Seguimiento público del acuerdo. Se trata de realizar un seguimiento de la agenda común planteada, verificando su cumplimiento de forma periódica y haciendo pública esta información.

Puede ser hora, o no, de que España se sume a la “cultura del pacto” en el terreno político. Pero de lo que no cabe duda es que esta cultura debe ser transparente y estar abierta al escrutinio público en la mayor medida posible. Es nuestro derecho.

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*Imagen de portada: EFE