Elección directa de alcaldes. O cómo cocinar la democracia local

El Partido Popular presentó ayer en el Congreso, a través de su portavoz Rafael Hernando, una propuesta de reforma de la ley electoral local para elegir directamente a los alcaldes, a través del sistema de doble vuelta. Este tipo de sistema electoral, que no es ni de lejos la opción que predomina en Europa, nos acercaría de facto a una “presidencialización” de la política municipal, aunque tiene sin duda otras consecuencias más perversas: asestar un duro golpe a la tradicional pluralidad política local, favoreciendo claramente a los partidos mayoritarios, es decir, al bipartidismo, gran beneficiario de aplicarse esta fórmula de elección.

alcalde

¿Cómo se eligen actualmente los alcaldes? 

La forma en que se elige a los alcaldes en nuestro país viene delimitada tanto en la Constitución Española como en la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG).

El artículo 140 de la CE establece que los alcaldes “serán elegidos por los Concejales o por los vecinos”, dejando de este modo abierta la posibilidad de su elección directa por parte de los ciudadanos. Sin embargo, fue la LOREG, en su artículo 196, la norma que desarrolló la otra opción constitucional: que fueran elegidos por los concejales, es decir por el Pleno.

En virtud de este artículo, en la actualidad en nuestro país (a excepción de los municipios de menos de 250 habitantes) los alcaldes se eligen, en la sesión de constitución de la nueva Corporación, por el siguiente procedimiento:

  1. Pueden ser candidatos todos los concejales que hayan encabezado su correspondiente lista electoral;
  2. Si en la votación, uno obtiene la mayoría absoluta de los votos (la mitad más uno) de los concejales es proclamado alcalde;
  3. En caso de que ninguno obtenga la mayoría absoluta, se procede a proclamar alcalde al candidato que encabezara la lista más votada.

Por tanto, se precisaría de una reforma de la LOREG para poder hacer efectivo este cambio, y el régimen electoral, como sabemos, debe legislarse por ley orgánica precisando de una mayoría cualificada en el Congreso. Pero, en realidad, sería óptimo acompañar esta reforma de determinados cambios en la Ley de Bases del Régimen Local (LBRL), con vistas a subsanar ciertas deficiencias en las instituciones locales y adaptarlas a su vez al nuevo sistema de elección.

Algunos ejemplos en la Europa Continental 

Cuando hablamos de la elección directa de alcaldes, nos acercamos por tanto al sistema electoral mayoritario, propio del presidencialismo, que sin embargo no tiene demasiados ejemplos en los sistemas electorales locales de la Europa Occidental: a excepción de Francia, Italia, Grecia, Reino Unido y dos Länder alemanes, todos con sistemas de elección directa de alcaldes, pero en distintas variantes: una o doble vuelta; umbral de acceso a la segunda vuelta; existencia o no de “bonus” o “prima de mayoría”, etc.

En Francia, por ejemplo, encontramos un sistema mayoritario a dos vueltas, con “bonus” de gobernabilidad (la mitad más uno de los concejales) en aquellos municipios de más de 3.500 habitantes. Si no hay mayoría absoluta en la primera vuelta se celebra una segunda, a la que acceden aquellos candidatos que obtuvieron más del 10 por ciento de los votos. Pueden fusionarse, a su vez, los que obtuvieron más de 5 por ciento. Para los puestos restantes de concejales se aplica un reparto proporcional.

En Italia, en aquellos municipios con menos de 15.000 habitantes, se aplica un sistema mayoritario simple con “bonus” de gobernabilidad (60% de los escaños). Para los municipios de más de 15.000 habitantes el sistema es a doble vuelta, con igual prima de mayoría (para el partido que apoya al alcalde electo, con la condición que de haya sido la lista más votada). A esta segunda vuelta solo van los dos candidatos más votados. Se votan dos listas: alcalde y concejales.

¿Qué propone exactamente el Partido Popular? ¿Qué dicen otros partidos? 

No es la primera vez que el Partido Popular dejar caer la propuesta de una elección directa de los alcaldes. Allá por el verano de 2014 su Comité Ejecutivo lanzó la idea, creando ya entonces una enorme polémica, por la cercanía de los comicios locales de mayo de 2015, hablándose incluso de vulneración de recomendaciones internacionales sobre buenas prácticas electorales. Pero tampoco se trata de una idea nueva en nuestro país: ya desde 1998 planea sobre el programa electoral del Partido Socialista,  que volvió a reeditar la propuesta en los comicios locales de 2003 y en las generales de 2004. Otros partidos como Unión Progreso y Democracia (UPyD), lo incorporaron ya a su propuesta electoral de mayo de 2011.

El PP defiende su propuesta en pos de buscar un equilibrio entre representatividad y gobernabilidad, así como otorgar una mayor legitimidad a los alcaldes electos (algo que para ellos no tienen las coaliciones de candidaturas perdedoras). Y lo cierto es que las propuestas relacionadas con la elección directa de alcaldes se encaminan (sobre el papel) hacia el anhelo de lograr una mayor legitimidad (actualmente emana del Pleno) para la figura del alcalde, cuya proclamación estaría supeditada a un mayor número de votos, evitando de este modo sumas de coaliciones entre partidos menos votados que apartan del poder a listas más votadas, pero que no alcanzan la mayoría absoluta para gobernar (en parte corregido por el artículo 196 de la LOREG).

Pero lo que propone el PP no es exactamente eso, a saber:

  • Si en la primera vuelta la candidatura supera el 35% de los votos y saca cinco puntos a la segunda se le otorga automáticamente la “prima de mayoría”, es decir, la mitad más uno de los concejales del Pleno. En el caso de obtener 10 puntos al segundo, le bastaría con un 30% de los votos.
  • Si esto no ocurre, accederían a una segunda vuelta las candidaturas que superen el 15% de los votos. En esta ronda la prima de mayoría se otorga a la lista que alcance el 40% de los votos o que saque siete puntos a la segunda. Si ninguna candidatura llega al 40%, se hará un reparto proporcional.
  • Los partidos que no alcancen el 5% de los votos se quedan fuera en todo caso (como ocurre ahora).

Por su parte el PSOE apostaba por una votación de dos listas distintas (alcalde y concejales) de forma simultánea, a dos vueltas, entrando en la segunda vuelta aquellos candidatos con más del 15%. Mientras que UPyD ha defendido un modelo de doble vuelta (en caso de que ningún candidato consiga la mayoría absoluta en la primera), entrando a esta segunda ronda los dos candidatos más votados. Para el resto de concejales se haría un reparto proporcional.

Consecuencias de elegir uno u otro sistema electoral

Decía Giovanni Sartori que “los sistemas electorales son los instrumentos más manipulables de la vida política”. Y así es. La posible reforma del sistema electoral municipal desde la representación proporcional hacia un sistema mayoritario en la elección del alcalde nos enfrenta a cuestiones relacionadas con cómo afectan los sistemas electorales a los sistemas de partidos, y en primera instancia, cómo se decide un sistema electoral: una decisión de marcado carácter político, partidista, estratégico, capaz de moldear (incluso manipular) las reglas del juego democrático, transformando los votos en escaños de maneras muy diversas.

tumblr_nf9bevbT781rq7z94o1_500

El sistema electoral influye en el sistema de partidos de distintas maneras. Por ejemplo, los sistemas electorales proporcionales fomentan gobiernos de coalición y fragmentación de partidos, pero ello depende también de que las listas sean cerradas (mayor disciplina de partido, partidos fuertes) o abiertas (se vota al candidato, potenciando la rendición de cuentas al elector). Estas cuestiones determinan incluso el sistema de financiación.

A su vez, la cuestión de la proporcionalidad está condicionada por el tamaño de las circunscripciones electorales, la fórmula electoral, el umbral de exclusión y el tamaño de la cámara. Dependiendo de estos factores, se estará favoreciendo o no el multipartidismo, y habrá más o menos oportunidades para los partidos minoritarios.

Por su parte, la elección mayoritaria (presidencial) a doble vuelta parece óptima para obtener un mayor respaldo popular y potenciar los pactos preelectorales, pero si no se aseguran mayorías absolutas y el gobierno está dividido (no se obtiene la mayoría presidencial y la parlamentaria) está en juego la cuestión de la gobernabilidad.

La introducción en la política municipal del sistema de elección directa del alcalde puede, por tanto, tener mayores o menores efectos en el sistema de partidos dependiendo de si se aplica a una o a doble vuelta, de si se aplica prima de mayoría, de cuánto se abre esa segunda vuelta, y de la capacidad de los partidos para negociar y encontrar puntos en común, que hagan posible una transferencia del voto.

Una reforma de este calado también precisará de una necesaria reforma de las instituciones municipales, para delimitar claramente las competencias y funciones de alcalde + equipo de Gobierno (Ejecutivo) y Pleno (dirección y control), así como eliminar figuras como la moción de censura del Pleno, que ya no tiene sentido con este sistema en el que la legitimidad del alcalde emana directamente de los votantes.

Un reforma electoral “a medida” 

La reforma que plantea el Partido Popular es claramente restrictiva para el multipartidismo local, rebaja las exigencias para obtener la prima de mayoría (basta con un 30 o 35 % en la primera ronda) y para que sea necesaria una segunda vuelta, a la vez que demoniza las coaliciones de gobierno, propias del sistema parlamentario: ¿por qué los pactos preelectorales son más transparentes que los postelectorales? ¿Por qué son más legítimos? Y la pregunta del millón: ¿ven ustedes al partido popular con aspiraciones reales de pactos pre-electorales?

Tampoco podemos olvidar que los sistemas a doble vuelta aumentan notablemente el coste de las elecciones. Un factor también a tener muy en cuenta.

La decisión sobre la elección de uno u otro sistema electoral es clave para definir el juego democrático: cómo transformar de la forma más justa posible los votos en escaños. Los sistemas tienden a ser estables, y, aunque es evidente que son el resultado de determinadas mayorías políticas, deben consensuarse lo máximo posible, y desde luego no aprovechar el final de mandatos con un horizonte cercano de perspectiva de cambios de estas mayorías para reformarlos.

Pues bien, todo esto no parece estar haciéndolo el PP, con una medida que parece hecha, en definitiva, a la medida de su realidad electoral. Veamos algunos ejemplos.

Llevaría un buen tiempo analizar desde la perspectiva de la elección a doble vuelta qué cambios habría producido este sistema electoral en las pasadas elecciones de mayo, pero pondré algunos ejemplos, que nos muestran cómo el Partido Popular habría conservado la mayoría absoluta e incluso la alcaldía en algunos lugares de España.

Por ejemplo, en mi Región, el PP perdía la mayoría absoluta en la capital de provincia, Murcia. Pues bien, la habría mantenido con el sistema de doble elección propuesto ayer por Rafael Hernando, gracias a la prima de mayoría (mitad más uno de los concejales) para el que supere el 35% de los votos y saque 5 puntos de ventaja al segundo. Algo similar habría ocurrido en municipios como Alcantarilla (quinto en población de la Región).

Murcia
Fuente: El País

Fuera de la Región, también encontramos otros ejemplos relevantes. Valladolid, donde incluso el polémico León de la Riva cedió la Alcaldía en favor del PSOE. El partido popular perdió en mayo 15 capitales de provincia a causa de pactos entre otros partidos.

Valladolid
Fuente: El País

Lecturas recomendadas y que han servido de base a este artículo: 

Htun, M. & Bingham, P. (eds.). (2013). Polical science, electoral rules, and democratic governance. Washington DC: American Political Science Association. http://www.apsanet.org/LinkClick.aspx?fileticket=X6zjNH66alQ%3d&portalid=54

García, J. (2001). La elección directa de los alcaldes: contexto político y problemática jurídica. Revista de Derecho Político, núm. 52, pp. 205-245.

Reynolds, A, Reilly, B. & Ellis, A. (coords.). (2006). Diseño de sistemas electorales. El nuevo manual de IDEA Internacional. México: Instituto Federal Electoral, Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. http://www.idea.int/es/publications/esd/es.cfm

Sartori, G. (1994). Ingeniería constitucional comparada. Una investigación de estructuras, incentivos y resultados. México DF: Fondo de Cultura Económica.

Sartori, G. (1999). La ingeniería constitucional y sus límites. Teoría y realidad constitucional, Nº  3, primer trimestre, pp.79-87.

Simón, P. (3 de julio de 2014). La elección directa de los alcaldes. http://politikon.es/2014/07/03/la-eleccion-directa-de-los-alcaldes/

Una Europa con más “músculo”

Los medios de comunicación de toda Europa se han hecho eco estos últimos días de la decisión del Parlamento danés de retirar un vídeo de animación en el que un personaje que se hace llamar “Voteman” intenta persuadir a base golpes a los ciudadanos para que acudan a votar en las elecciones europeas.

voteman102_v-videowebl

Dejando a un lado la polémica relacionada con el contenido violento y sexual explícito del vídeo, lo cierto es que el “músculo” del que hace gala este particular “antihéroe” europeo me ha parecido revelador, e incluso inspirador, en todo lo relacionado con un proyecto de integración europea que no acaba de “sacar músculo” para atraer el interés de la ciudadanía por todo lo que allí se maneja y decide, y para, de alguna forma, lograr que cambie la percepción que finalmente tenemos de la influencia que todo esto tiene en nuestras vidas.

Europa puede sacar pecho de muchos logros, de muchas “historias de éxito” (como gusta de usarse en el argot de la comunicación institucional); y no es menos cierto que le falta ganar en masa muscular en muchas facetas.

El complejo tejido comunitario puede sin duda salir reforzado si centramos el futuro, y el reconocimiento de los éxitos logrados, en ocho puntos clave: en algunos somos ya muy fuertes; en otros tenemos mucho que mejorar, pero son, sin duda, los caminos que nos pueden conducir a una unión política exitosa y próspera, y por qué no, de la que todos podamos estar bien orgullosos.

La Juventud. Toda una generación que ha nacido, crecido y se ha formado bajo la bandera de la Unión Europea. Y, sin embargo, en los jóvenes encontramos los mayores índices de abstención en las elecciones europeas. La exitosa realidad de los programas comunitarios de intercambios, voluntariado, prácticas, primera oportunidad laboral, y Erasmus (la joya de la corona con más de tres de millones de estudiantes que desde 1987 han elegido esta beca para estudiar en el extranjero) choca, sin embargo, con un desempleo juvenil alarmante. Todo lo que iniciativas como Erasmus han hecho por fomentar la identidad y el sentido de ciudadanía europea puede perderse si esta Europa no es capaz de ofrecer un futuro a sus jóvenes.

ErasmusPlusPhoto
Los nuevos Estados miembros. En 2004, tuvo lugar la mayor ampliación de la historia de la UE, con diez nuevos países de la Europa central y del este. Aquello se vendió como una Europa definitivamente reunificada tras la división impuesta por la Guerra Fría, y como un futuro lleno de libertad, democracia y esperanza para estos Estados antaño bajo el telón de acero. La Europa reunificada también obtendría, según decían, un mayor peso político en el mundo. Pero lo cierto es que se ha hablado más de “ampliaciones indigestas”, de algunos Estados cuyas políticas no acaban de encajar en los valores el Club europeo (véase Hungría o Polonia); incluso de ciudadanos europeos de segunda clase (léase los rumanos y búlgaros). Lo cierto es que Europa tampoco acaba de cuajar en los Estados de las últimas ampliaciones: los porcentajes más bajos (casi alarmantes) de abstención se dan precisamente en ellos. Culminar la ampliación con una verdadera integración es una tarea pendiente.

La Paz. Sí, la Paz. Los años de integración europea han significado el periodo más largo de paz conocido en el Continente. Es para estar orgullosos, pero no por ello es un objetivo que precisamente podamos tachar de entre las tareas de la UE. Miren si no lo que está pasando en Ucrania. Ello también nos recuerda que Europa sigue siendo un enano político, en especial en lo que se refiere a las políticas de Defensa y Exteriores. Hete aquí un ámbito donde tenemos que aumentar masa muscular.

La cohesión y la solidaridad. La política regional de la UE, desde sus orígenes en el Tratado de Roma, es otra de esas que decíamos “historias de éxito” y el gran “músculo” del presupuesto comunitario. El objetivo de esta política no es otro que mejorar la cohesión económica, social y (desde Lisboa) también territorial de la UE. La cohesión es la mayor y mejor expresión de la solidaridad intraeuropea con los países y regiones menos desarrollados. Durante el periodo 2014-2020 la UE invertirá nada menos que 351.000 millones en las regiones. Durante sus primeros 20 años en la UE, España recibió más de 100.000 millones de euros de estos fondos. Que el presupuesto comunitario no se constriña en este ámbito es fundamental para asegurar una política de inversiones en toda la UE que cree empleo, que mejore la competitividad, la calidad de vida y un desarrollo sostenible.

Mejorar la gobernanza europea. Más democracia y participación ciudadana. El concepto de “gobernanza”, acuñado por la Comisión Europea en lo referente a la construcción de políticas y leyes en un marco institucional y de intereses tan complejo como el comunitario, tiene que ver esencialmente con: apertura y transparencia a la hora de comunicar (mejor) las decisiones; implicar más a los ciudadanos en la elaboración y aplicación de las políticas; eficacia para obtener los resultados esperados cuando se aplica una legislación; coherencia en el complejo y amplio puzle legislativo de la UE; y compromiso en un debate más amplio que atañe a la gobernanza mundial.

En la gobernanza europea es también clave el concepto de “subsidiariedad” (tomar las decisiones de la forma más próxima al ciudadano), donde juegan un papel importante y deben seguir jugándolo a la hora no solo de implementar las políticas (también de elaborarlas) las administraciones regionales y locales. Es necesario encajar bien las piezas de la gobernanza multinivel europea y que la cosa funcione, es decir, que los ciudadanos obtengan los resultados esperados con la legislación (el 80% de todo lo que se incorpora en nuestro ordenamiento jurídico) que viene de Bruselas.

FEC_VoteWatch_blog

Pero no solo es una cuestión de calidad, sino también de legitimidad. Reforzar el poder legislativo del Parlamento Europeo es y ha sido vital. Lisboa fue aquí decisiva con la definición de la “codecisión” como procedimiento legislativo ordinario (la Eurocámara decide, en un procedimiento a doble vuelta, en pie de igualdad con el Consejo) y la ampliación de los poderes presupuestarios del Parlamento Europeo. También lo fue (hablábamos antes de la participación ciudadana) con la Iniciativa Legislativa Europea. Dar “músculo” al Parlamento Europeo y a los derechos de la ciudadanía europea es ir en la buena dirección.

La Europa social. La gran asignatura pendiente de la integración europea, que se ha puesto aún más de manifiesto con la crisis y las deleznables políticas de austeridad. El aumento de la pobreza y la exclusión social es alarmante dentro del conjunto de la UE. Sin duda es uno de los objetivos principales para los próximos cinco años que se ha impuesto la Comisión Europea: sacar a 20 millones de europeos de la pobreza. No nos olvidemos de anclar los derechos sociales, entre los más importantes, la sanidad gratuita y universal.

La igualdad. Junto con la lucha contra la exclusión y la pobreza, otro de los objetivos de la UE, recogido en los Tratados y la Carta de Derechos Fundamentales. Eliminar las discriminaciones de cualquier tipo (sexo, raza, religión, orientación sexual, edad…). Avanzar en las medidas de acción positiva (cuotas en listas electorales y consejos de administración de las grandes empresas). Reducir la brecha salarial entre hombres y mujeres (8.000 euros/año de media en la UE). Y tener por fin una directiva común antidiscriminación, con una protección amplia y para diversos colectivos. Entre ellos la población LGTB, que sigue siendo víctima de discriminación y crímenes de odio. Alarmante en este sentido el último informe de la Agencia Europea de Derechos Fundamentales, que determinó que el 80 por ciento de los estudiantes homosexuales se sentía amenazado en su centro.

LGBTvotes-5-EU-LGBT-Roadmap-Lunacek-Report-515x308
Más Europa. Y toda esta Europa con “más músculo” que queremos construir tiene que ser una Europa donde la soluciones para problemas comunes se encuentren en esfuerzos compartidos. La idea de “más Europa” no es otra cosa que una mayor integración, mayor cesión de soberanía nacional, para cuestiones que en un mundo cada vez más globalizado e interconectado solo pueden encontrar respuesta en la cooperación supranacional. Solo así tendremos instituciones comunes que puedan dar una respuesta adecuada, rápida y eficiente a todo aquello que afecta y preocupa en la vida de más de 500 millones de europeos.

Ésta es, esencialmente, la Europa en la que creo: la que ofrece un futuro a los jóvenes; la Europa inclusiva y que apuesta por una igualdad sin fisuras; la que no desprecia los motores que siempre han guiado al europeísmo; la Europa que es también crítica con los desaciertos, con ese camino que está incompleto, pero que solo podemos recorrer juntos dentro de un marco más solidario; la Europa que entiende que su “músculo” está en la ciudadanía y en la democracia para progresar.

Europa y la participación ciudadana

13998443005137Esta mañana, el diario El Mundo nos acercaba una noticia ciertamente sorprendente para muchos: La Junta Electoral prohíbe que la UE inste a los españoles a votar”. Con ello, impide que las Representaciones en España de las instituciones europeas realicen algún tipo de campaña animando a los ciudadanos a acudir a ejercer su derecho, utilizando imágenes como una urna o el eslogan “vota”. Una decisión que nos convierte en el único país de la UE donde no habrá campaña institucional, dejando esa labor en manos de los partidos políticos. El “derecho a la abstención” se contrapone aquí al esfuerzo iniciado en anteriores comicios por el Parlamento Europeo, realizando campañas institucionales en toda Europa para promover que los ciudadanos de la UE ejerzan un derecho fundamental de la participación política en la arena comunitaria: elegir a sus representantes en la Eurocámara.

La elección del Parlamento Europeo por sufragio universal directo fue una realidad gracias al primer “hito” registrado para promover la participación de la ciudadanía europea en un proyecto de unificación en el que en sus primeras décadas primó la confianza depositada en las élites políticas europeas por una ciudadanía que no fue consultada. El Acta Electoral de 1976 lo hizo posible, para desde 1979 contar con eurodiputados elegidos y no designados. Desde entonces, los derechos de participación asociados al estatus de la ciudadanía europea han aumentado al tiempo que crecía la preocupación por la desafección hacia los “asuntos europeos”, siendo los índices de abstención en las elecciones europeas una buena muestra.

El “empoderamiento ciudadano” han sido un hecho en la evolución de las últimas décadas de la integración europea, no tanto, es obvio, por los niveles implicación de la ciudadanía, sino más bien por el aumento constante de la oportunidades de participación. El esfuerzo de las instituciones europeas ha sido notable para “engordar” el haz de derechos de la ciudadanía europea, así como la capacidad de estas mismas instituciones para realizar una “escucha activa” de lo que reclaman los ciudadanos a la hora de legislar, mejorar la transparencia en la toma de decisiones, y, en definitiva, hacer una política más cercana y mejor.

Europa y la participación ciudadana llevan un largo camino recorrido, que comenzaba con ese Acta electoral europea de 1976 como primer “hito” y se consolidaba en los noventa con la creación de la Ciudadanía de la Unión, incorporada en el articulado del Tratado de la Unión Europea, firmado en Maastricht. El TUE sujeta el acceso a la ciudadanía europea a la posesión de la nacionalidad de un Estado miembro, otorgando una serie de derechos en torno a la libertad de movimiento, el ejercicio del voto y la protección jurídica: derecho a la libre circulación y residencia en el territorio de la UE; derecho a votar y ser elegido en las elecciones al Parlamento Europeo y en los comicios municipales para los nacionales comunitarios en el Estado miembro en el que residan; derecho a la protección diplomática y consular en un Tercer País por parte de las autoridades de otro Estado miembro, si su país carece de representación en tal Estado; derecho de petición ante el Parlamento Europeo, y derecho a dirigirse ante el Defensor del Pueblo.

El Tratado de Amsterdam (1997) añade ciertas modificaciones en lo que se refiere a la conceptualización y contenido de la Ciudadanía de la Unión. En primer lugar, define el vínculo de ésta con la ciudadanía nacional (“complementaria y no sustitutiva”); en segundo término, aunque no incorporado de forma explícita al articulado de la Ciudadanía de la Unión, se concede el derecho a acceder, bajo determinadas condiciones, a los documentos de las instituciones europeas.

No cabe duda que a partir de Maastricht el vínculo jurídico creado entre la Comunidad y los nacionales de los Estados miembros, a través del estatus de la ciudadanía europea, implican una especie de tránsito vital desde la “Europa de los trabajadores” (sujetos económicos), diseñada en los Tratados constitutivos, hacia la “Europa de los ciudadanos” que se proyecto en el futuro.

Algunos años después, en la reforma de Lisboa, la última aplicada a los Tratados comunitarios, y que entró en vigor en diciembre de 2009, el derecho al sufragio activo y pasivo, que pasó a integrar el contenido material de la Ciudadanía de la Unión tras Maastricht, adquiere ahora rango de derecho fundamental, con la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE.

Fue en Lisboa cuando otro gran avance democrático se incorpora a la hora de elaborar las políticas comunitarias: la Iniciativa ciudadana europea. La ECI es una herramienta importante introducida para fomentar la participación ciudadana y fomentar al mismo tiempo el crecimiento de la sociedad civil europea. Con la recogida de un millón de firmas, de al menos ciudadanos de siete Estados de la UE, se puede reclamar a la Comisión Europea que legisle sobre una materia concreta de su competencia. Gracias a ello, se está promoviendo legislación comunitaria en distintos ámbitos, tales como la educación, el medio ambiente, los medios de comunicación, telecomunicaciones, empleo o agua/saneamiento, esta última una iniciativa ciudadana que ya ha recibido respuesta por parte la Comisión Europea.

Las distintas iniciativas ciudadanas comenzaron a moverse a partir de 2012, por lo que está por ver la verdadera incidencia que sobre las políticas comunitarias tendrá esta herramienta. Lo cierto es que promover una “sociedad civil europea” ha sido desde hace más dos décadas un objetivo importante dentro de los programas e iniciativas comunitarias. Un buen ejemplo son los programas de fomento de la participación ciudadana y de apoyo a los actores de la sociedad civil europea, incluidos los destinados al ámbito de la Juventud europea (oportunidades de aprendizaje, voluntariado, etc, ahora recogidos en el gran programa Erasmus +) o los también muy conocidos hermanamientos de ciudades (Town Twinning)

juventud

Estas iniciativas destinadas a dar dinamismo a la sociedad civil europea buscan avanzar en la consolidación definitiva de la condición de “Ciudadano de la Unión” y en el desarrollo de una “identidad colectiva” para los europeos. El afianzamiento de una política comprometida en este ámbito, que promueva un verdadero debate público europeo en torno a las cuestiones comunes que nos afectan y que implique a los ciudadanos en mayor medida en el proceso de toma de decisiones (directamente, o través de interlocutores sociales y organizaciones de la sociedad civil, ONG, etc.) es fundamental para acercar a los europeos a una Unión Europea que se presente cada vez más accesible, cercana, transparente, abierta y democrática.

En este sentido, las consultas públicas que realiza la Comisión Europea cada vez que se dispone a proponer una nueva legislación son un buen motor de fomento de la participación ciudadana. El objetivo de estas consultas no es otro que mejorar la gobernanza europea, legislando mejor atendiendo el mayor número posible de intereses. Ciudadanos, empresas y cualquier organización con interés en un asunto o conocimiento especializado pueden colaborar en la elaboración del proyecto de legislación que la Comisión después presenta al Parlamento Europeo y al Consejo. Se convierte así en un instrumento importante para participar en la elaboración de las políticas comunitarias. Todo ello se hace además de forma transparente, algo que es fundamental en el juego de intereses.

Una de las mayores consultas puestas en marcha por la Comisión fue precisamente la lanzada el 9 de mayo de 2012 sobre los obstáculos que se encuentran los ciudadanos para ejercer sus derechos en la UE. Dicha consulta dio lugar en 2013 a un Informe sobre la ciudadanía de la UE, que proponía, entre otras medidas:

  • Ampliar más de tres meses el derecho de las personas que buscan empleo a recibir la prestación de paro en su país de origen mientras buscan empleo en otro país de la UE;
  • Aclarar la normativa de los periodos de prácticas, para evitar la explotación de becarios con trabajo no remunerado;
  • Facilitar el reconocimiento de los documentos de identidad y residencia en distintos países de la UE;
  • Crear una tarjeta de discapacidad común para toda la UE;
  • Mejorar las normas para resolver litigios transfronterizos al hacer compras por internet;
  • Crear una plataforma online que permita comparar los precios de productos digitales a la venta en toda la UE;

Los derechos con los que cuentan los ciudadanos europeos cuando viajan, trabajan, buscan trabajo, residen o compran en otro Estado miembro son, por tanto, mejorables, así como el propio conocimiento que tenemos de estos derechos. Fue por ello que 2013 fue declarado Año Europeo de la Ciudadanía en la UE, coincidiendo con el 20 aniversario de la creación de la Ciudadanía de la Unión. Este año estuvo centrado, con distintas campañas y actividades, en que los ciudadanos conocieran sus derechos como miembros de la UE, así como proyectar un debate sobre cómo debería ser la UE en el futuro para responder a sus expectativas. Las actividades de este Año Europeo se han extendido en los primeros meses de 2014, más centradas ya en los comicios de mayo.

Otro elemento importante para que las instituciones europeas, sus políticos y funcionarios ganen en cercanía y transparencia es poder contactar fácilmente con todos ellos. La Comisión Europea, por ejemplo, cuenta con guías de contactos por cada una de sus actividades, así como de su personal, y los ciudadanos tenemos derecho a recibir una respuesta en nuestra lengua materna. También existen instrumentos como Solvit, donde podemos presentar una reclamación si una administración pública de otro país de la UE no respete los derechos que otorga la UE a los ciudadanos y a las empresas.

solvit

Otro instrumento de transparencia, información y participación son las redes sociales, un medio que los ciudadanos europeos usan cada vez en mayor medida para estar al tanto o contactar con las instituciones europeas. El Parlamento Europeo ha sido sin duda la institución europea pionera por excelencia en el uso de los medios sociales, especialmente desde las elecciones de 2009. Su campaña institucional para promover el voto para estos comicios de 2014 fue lanzada hace ya algunos meses, bajo el lema “Acción. Reacción. Decisión”, conceptos que intentan enfocar ideas como lo “decisivo” de estas elecciones. Una página web, disponible en todos los idiomas oficiales de la UE, centraliza una campaña que anima a la participación en todos los Estados miembros, aunque en España se le hayan puesto cortapisas a la acción institucional de la Representación española.

PE

Promover el voto en estas elecciones es fundamental, especialmente entre la gente más joven, que es donde se encuentran los más altos índices de abstención. Esta labor institucional, no politizada (o secuestrada por la partitocracia) es más que necesaria.

Elecciones europeas: ante el abismo de la abstención #EP2014

Si hay una cuestión que preocupa en el seno del Parlamento Europeo de cara a las próximas elecciones es sin lugar a dudas la abstención. Preocupa y con razón. Porque, a pesar de los esfuerzos por transmitir la idea de que estas elecciones son “diferentes” (que lo son); a pesar de nos estamos jugando el futuro de Europa y de que las mayorías que se formen en la próxima Eurocámara  decidirán cuál será la respuesta europea a la crisis y los caminos que emprenderemos hacia la recuperación económica; a pesar de todo lo que nos jugamos, puede que el desapego hacia la política en general y la indiferencia hacia la europea en particular, acaben haciendo mella en números de participación que ya han sobrepasado con creces en anteriores citas todas las líneas rojas por haber.

Abstención EP 2014

Lo cierto es que es difícil aventurar porcentajes de participación alentadores, vistos los precedentes: uno de cada dos europeos no va a votar. Las cifras son especialmente críticas en los nuevos Estados miembros, mejores en la Europa de los Quince, y muy buenas solo en Estados en los que el voto es obligatorio. ¿Qué pueden, por tanto, ofrecer estos comicios de 2014 para romper con los clásicos esquemas del abstencionismo? Algunas cosas, veamoslas.

1.- “Los temas que me preocupan no son competencia de la UE”. Tradicionalmente, los ciudadanos europeos han percibido que los temas que les afectan en mayor medida o que más les preocupan no se manejan fundamentalmente en Bruselas. Así lo atestiguan distintas encuestas del Eurobarómetro a largo de las últimas décadas. Por poner un ejemplo, solo en políticas relacionadas con el medio ambiente (una preocupación recurrente pera baja en la escala) la UE juega un papel predominante a la hora de legislar. Incluso el desempleo, o la situación económica general (que son preocupaciones principales) no suelen asociarse a la política europea, por mucha política monetaria y actuaciones del BCE. Por tanto, estas elecciones han sido consideradas como de “segundo orden”, es decir, de menor importancia que las nacionales, regionales y locales, ante la percepción general de la ciudadanía de que la actividad política de las instituciones domésticas tiene más impacto en sus vidas.

Es evidente que el contexto de crisis económica puede haber hecho saltar por los aires estas percepciones. Se ha hablado, y mucho, de Bruselas, a la hora de aplicar medidas de austeridad, rescates, y en general, actuaciones que afectan a la situación económica general de un país. Lo que ofrecen estas elecciones, en las distintas opciones políticas, es elegir un programa europeo de respuesta a la crisis y los pasos que vamos a dar los próximos cinco años para devolver el bienestar y la prosperidad al Continente. Nada menos. Por suerte, la mayoría de opciones políticas ofrecen al menos eso: una “respuesta europea”; profundizar en la integración (por ejemplo, la unión bancaria y fiscal) para solucionar nuestros problemas.

2.- Poca información sobre la Unión Europea. El déficit de información ha sido tradicionalmente otra explicación a la elevada abstención en los comicios. Un buen ejemplo de esta desinformación lo encontramos en la negativa correlación entre el aumento de poderes del Parlamento Europeo y la participación registrada en sucesivas citas electorales. Ello se explica porque, sencillamente, la gran mayoría de los ciudadanos desconocían estos avances democráticos. Paradójicamente, las elecciones al Parlamento Europeo (pilar democrático de la UE) no han hecho sino aumentar la visibilidad del déficit de legitimidad que sufre la integración europea y su entramado de tomas de decisiones.

En general, si desde el inicio de la integración europea se ha atestiguado en estudios de opinión pública un apoyo generalizado al proceso, o a la pertenencia de su país a la Unión entre los ciudadanos de los distintos Estados miembros, dicho apoyo, en el pasado ha sido más bien pasivo, desinformado y carente de cimientos identitarios. Hablamos de un apoyo “instrumental”, que se sustenta en los beneficios que se han percibido de estar dentro del Club.

La crisis económica puede haber trastocado también este apoyo tácito, este consenso pasivo. La duda es si se transformará en mayor desapego o en un revulsivo (aún crítico), en una especie de “disenso activo”. El euroescepticismo no ha sido en los anteriores comicios un factor a tener muy en cuenta en el conjunto de la UE para determinar la decisión de ir o no a votar. Quizá esta vez pueda serlo. Aunque también puede darse el hecho de que este “amargo” despertar de la conciencia europea se transforme en una oportunidad (idea apuntada por el filósofo alemán Habermas) para darnos cuenta de que compartimos un destino común.

3.- El tercer gran escollo que han tenido que superar las elecciones europeas es la falta de atractivo. No elegimos un Gobierno ni existe, por tanto, la expectativa de alternancia política, que es vital en el juego democrático. Hasta ahora, no podía existir la expectativa de que el resultado de las elecciones europeas condicionara de verdad las políticas europeas.

Por ello, puede que sea un gran revulsivo para despertar el interés por los comicios que, por primera vez, tengamos candidatos a la Comisión Europea haciendo campaña europea, presentando sus programas europeos, y teniendo debates de dimensión europea. Ahora sí, la conformación política del nuevo Europarlamento que salga en mayo estará conectada con la persona que dirigirá los destinos del ejecutivo europeo, sometido a un mayor control democrático por la cámara de representantes. Véase http://www.debatingeurope.eu/

Será también importante el nuevo papel otorgado a los partidos políticos europeos, hasta ahora meros espectadores en la auténtica toma de decisiones, que ha dado más protagonismo a los ejecutivos, a través del Consejo de la UE y de las Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno. Hasta ahora, sin ir más lejos, los partidos políticos transnacionales no podían participar en una campaña de referendum que afectara a temas comunitarios. El déficit de fuerzas políticas europeas ha minado en la historia de la UE su capacidad para fomentar la participación ciudadana, y ser vehículos de la voluntad popular. Sin olvidar su poder de influencia y de control de los ejecutivos.

Quizá con este nuevo marco que nos presentan las elecciones europeas de 2014 podamos hablar del resurgir de un liderazgo político europeo que hasta ahora ha estado ausente, y ha motivado también el abstencionismo. Para que Europa salga de ésta y afronte su futuro a largo plazo se necesita nervio y arrojo político, líderes que miren más allá de unas elecciones. Puede que se esté dibujando alguno, aunque aún lo veamos un poco borroso.

president-candidates-BANNER-021-800x400

 

Notas:

  • De estas cuestiones relacionadas con la abstención hablará un programa especial que emitirá Radio Euskadi el próximo lunes 12, desde las 06h hasta las 08.30h, y para con el que he colaborado con algunas declaraciones. Podéis escucharlo en directo a través de http://www.eitb.com/es/radio/ 
  • Fuente datos de participación (gráfico): Eurobarómetro postelectoral 2009

 

Estado del bienestar: un debate mal planteado

Hoy reproducimos en el blog un artículo publicado en América Economía que nos ha parecido realmente interesante sobre una cuestión que está situada en el centro del debate sobre las repercusiones de la crisis económica en Europa. ¿Es posible continuar con el modelo de Estado del bienestar que conocemos en el Continente hasta ahora? El autor de esta reflexión, Héctor Casanueva, director del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (Celare), advierte de las consecuencias sociales desastrosas de un “debate mal planteado” y toma el modelo Europeo como referencia para esta cuestión en América Latina.

Casanueva Estado Bienestar

 

El reciente discurso del rey de Holanda ante el Parlamento, en el que señala la insostenibilidad del “clásico Estado del bienestar” y su sustitución por una “sociedad participativa”, ha caído como agua de mayo a los euroescépticos y a la derecha del Estado minimalista en Europa y también por estos lados. Curioso, además, que lo plantee un monarca en un país gobernado por la socialdemocracia, que es el cuarto del mundo en el Índice de Desarrollo Humano, tiene un desempleo en torno al 7% y un per cápita de US$46.000. ¿Qué queda entonces para España o Grecia? ¿Y para nosotros?

Desde que la crisis de 2008 comenzó a poner en evidencia los problemas financieros de los países europeos, se volvió a instalar con mucha fuerza el debate iniciado hace tres décadas por el thatcherismo, acerca del modelo de protección social característico del viejo continente, llamado “Estado del bienestar”, y que es indisociable del proceso de integración de Europa, basado en solidaridad, paz y cooperación.

Si queremos despejar el tema central y de fondo, cual es el rol del Estado en la sociedad, creo del caso hacer algunas consideraciones para aportar al necesario análisis del tema, justamente cuando en Chile y otros países se avanza en sistemas de protección social que tienen como referente la experiencia europea, con la ventaja de que podemos observar sus fortalezas y debilidades en medio de una crisis que no estamos sufriendo.

Las dificultades para asegurar su financiamiento, con los consiguientes recortes presupuestarios en las prestaciones, así como los efectos del reto demográfico, entre otros factores, pero especialmente la crisis de empleo, especialmente juvenil, generan una distorsión en este debate. Por un lado se considera que la crisis es consecuencia del modelo, y por otra quienes la sufren exigen que el Estado no sólo mantenga, sino intensifique las políticas de protección social, pese al problema real de financiamiento público, producto a su vez, de una pérdida de competitividad de las economías europeas, incapaces de crecer y crear empleo.

La discusión sobre el modelo se ha trasladado con cada vez mayor intensidad a América latina, donde se han ido alineando tres posiciones: una de derechas, muy crítica del modelo europeo y que coincide en atribuir al mismo su crisis financiera, con la consiguiente advertencia de que no se nos ocurra adoptarlo, abogando por políticas asistenciales muy acotadas y una protección social centrada en la responsabilidad individual; otra, de izquierdas, que aboga por un Estado fuerte y protector, muy presente en los distintos frentes de la vida económica y social, con importantes dosis de populismo, y muy riesgoso en términos de estabilidad económica. Y una tercera que podríamos llamar de centroizquierda, cuyo planteamiento es de un Estado que asegure una protección social universal básica en educación, salud y pensiones, debidamente financiada a través del crecimiento económico y políticas fiscales responsables.

Si queremos despejar el tema central y de fondo, cual es el rol del Estado en la sociedad, creo del caso hacer algunas consideraciones para aportar al necesario análisis del tema, justamente cuando en Chile y otros países se avanza en sistemas de protección social que tienen como referente la experiencia europea, con la ventaja de que podemos observar sus fortalezas y debilidades en medio de una crisis que no estamos sufriendo.

Lo primero es distinguir entre “Estado del bienestar” y “Estado benefactor”, pues no significan lo mismo. El primero, implica una responsabilidad que debe asumir el Estado como garante del bien común, en una concepción solidaria de la organización social, para hacerse cargo como sociedad de garantizar estándares mínimos de calidad de vida a toda la población, dadas las inequidades que inevitablemente se generan en el cuerpo social por la sola aplicación de las leyes del mercado. Lo segundo, que es a lo que se dirige la crítica de la derecha más consciente, implica una deformación y extralimitación del concepto anterior, ya que traspasa solamente al Estado las responsabilidades de la propia vida, y ello evidentemente no solo implica una injusticia, sino un adormecimiento de las capacidades de emprendimiento, con las consecuencias de pérdida de productividad y competitividad general, además de ser insostenible financieramente.

A esto último es a lo que se refirió el rey de Holanda, y a lo que se refieren muchos partidos y líderes europeos, CDU incluida, que necesariamente debe ser reformado, avanzando hacia la necesaria “co-responsabilidad” en el bienestar, pero en ningún caso se debe interpretar como el llamado al abandono de una política social que está en la raíz y el fundamento mismo de este modelo.

Hace unos meses, la ministra de asuntos sociales de Francia, Mme. Marisol Touraine, en un interesante coloquio en la Universidad Central de Chile, nos afirmaba categóricamente que el Estado del bienestar no estaba en discusión, sino su financiamiento. Y así como el rey holandés plantea una “sociedad de la participación”, para connotar esa co-responsabilidad en el bienestar social, Felipe González y otros líderes plantean el concepto de una “sociedad del bienestar”, pero todos apuntando a lo mismo.

En América latina estamos entrando en un largo período electoral, empezando por Chile en noviembre, y seguido de varias elecciones presidenciales en otros países entre 2014 y 2015, que se dan en momentos en que la economía mundial, especialmente asiática, parece ralentizarse, parece muy oportuno que los programas de las candidaturas tomen en consideración este debate y la experiencia europea, y adopten las propuestas más adecuadas a cada realidad para asegurar políticas públicas apropiadas.

¿Qué Europa queremos y por qué? #parlamentar2013

BVt3dHUIUAAMjg8

Entre el 3 y el 4 octubre, la Oficina del Parlamento Europeo en España nos reunió a un grupo de blogueros, tuiteros y comunicadores “europeos” en La Granja (Segovia) para debatir sobre las inminentes elecciones europeas.  Unos comicios que se espera sean claves para el futuro de la Unión Europea, especialmente si, entre todos (instituciones europeas, gobiernos de distintos niveles, partidos políticos y, por supuesto, también los ciudadanos), somos capaces de poner los mimbres necesarios para ese tan esperado debate de dimensión europea. Digo “tan esperado” porque, a pesar de que es evidente el hecho de que los europeos debemos encontrar soluciones comunes a los problemas que compartimos, las campañas electorales para elegir a nuestros representantes en el Parlamento Europeo no han dejado de desarrollarse tradicionalmente en clave nacional (una suerte de examen a medio plazo, como todos sabemos, para los partidos nacionales de turno en el poder).

Fue éste un tema recurrente (el del debate nacional-europeo en las elecciones comunitarias) durante los dos días que compartimos en La Granja y sobre el que pudimos charlar extensamente con dos eurodiputados, María Irigoyen (Socialistas y Demócratas Europeos) y Pablo Zalba (Partido Popular Europeo). Lo fue también la cuestión de cómo comunicar mejor el mensaje europeo para conectar con la ciudadanía, especialmente a través de las redes sociales, donde las instituciones europeas están absolutamente volcadas desde los comicios de 2009; para ello nos acompañó Bárbara Quílez, coordinadora de RRSS del Parlamento Europeo, así como expertos en e-comunicación como Mario Tascón y Alberto Ortíz de Zárate.

BVqlezTIMAAmvn7Comenzamos el encuentro, en la tarde del jueves 3, con la compañía de la eurodiputada María Irigoyen, que comenzó su intervención recordando la tragedia de Lampedusa, de la que nos estaban llegando noticias en esos momentos. Me gustó especialmente su mensaje, muy centrado en esa Europa que queremos construir, pero no de cualquier forma, sino “una Europa que coincida con nuestros ideales de progreso”. Ello nos retrotrae (¿por qué será que ahora vemos estas ideas tan lejanas?) a la imagen de la “Europa social” (esa igualmente tan esperada Europa social); esa Europa de los valores y los derechos humanos, y que se erige (o eso se espera de ella) en foco de estos ideales en todo el mundo. Si perdemos Europa renunciamos a algo tan fundamental como eso (lo que nos espera es el nacionalismo, los egoísmos, la ausencia de solidaridad….); pero, ¿no nos estamos perdiendo ya nosotros mismos en esta deriva de los últimos años?

El trágico naufragio frente a la costa de la isla italiana de Lampedusa es una de las caras más negras de esta deriva de insolidaridad, indiferencia y desencuentro entre las distintas visiones sobre la Europa que queremos, en este caso sobre la política de inmigración. Ver las fronteras de Europa convertidas en cementerios para personas que huyen del hambre y la guerra es el fracaso más rotundo para los ideales europeos de solidaridad y humanidad. ¿Queremos de verdad esa Europa que se repliega sobre sí misma, como una fortaleza y muestra indiferencia o es incapaz de actuar ante legislaciones y actuaciones xenófobas? ¿Cuántas categorías de ciudadanos-personas seremos capaces de asumir? Porque ya dejamos claro que no es igual un francés que un gitano rumano; Porque ya permitimos que Berlusconi impusiera una legislación en el corazón de Europa que impedía ayudar o socorrer a un inmigrante en situación administrativa irregular; porque ya les dejamos sin asistencia médica en España…

En realidad, el status de la ciudadanía europea (sujeta a los nacionales de los Estados miembros) no ha creado sino nuevas formas de exclusión, e incluso ¿un “apartheid” europeo? La crisis económica es el caldo de cultivo ideal para reforzar estas desigualdades. Pareciera que ciertos conceptos, derechos, pierden peso en la balanza ante lo fundamental, o lo que se entiende como fundamental, y se refuerza muy especialmente esa dicotomía esencial en toda construcción de la identidad: “nosotros” y los “otros”….

15365_lgtb_He comentado antes que se espera de Europa que sea un “foco” de valores y de derechos humanos ante del resto del mundo. Pero, ¿están los derechos humanos en la agenda de las instituciones europeas a la hora de establecer relaciones bilaterales con otros países del mundo? Le consulté expresamente a nuestra eurodiputada por la deriva homófoba de Rusia y las graves vulneraciones de los derechos humanos del colectivo LGBT que se están dando en este país. ¿Qué puede hacer Europa? Lo cierto es que esta cuestión será tratada, por fin, esta semana en el pleno del Parlamento Europeo, en el que se preguntará a la Comisión que aclare si ha seguido sus recomendaciones y ha tratado este asunto con el gobierno ruso en la última cumbre UE-Rusia y en la reunión del G-20. Seguiremos mañana miércoles este debate con atención…

Si la esencia del proyecto europeo fue uno de los temas centrales de la reunión, no lo fueron menos las expectativas políticas de los próximos comicios que se celebrarán en mayo de 2014. ¿Está la cuestión europea lo suficientemente “madura” para POLITIZARSE? Es uno de los grandes interrogantes que rodea a estas elecciones europeas y una pregunta clave para analizar y pronosticar tanto una mayor y más informada participación ciudadana en los comicios, como el desarrollo de una campaña que responda a las expectativas más europeístas ¿vamos a poner sobre la mesa, al fin, nuestra visión del futuro de Europa, las distintas respuestas políticas a nuestros problemas comunes? Bajo mi punto de vista, este asunto de la “politización” de Europa tiene una vertiente positiva y otra negativa: la negativa (y ahora lo explicaré con más detalle) es que esta politización puede ir de la mano de un mayor sentimiento antieuropeísta; la positiva, es que los partidos políticos europeos (uno de los grandes déficits de la arena política comunitaria) cobren un mayor protagonismo, y consigan ser vehículos de la voluntad popular así como la participación ciudadana.

no-to-eu_thumb1Y ahora explico el por qué de esa “amenaza” antieropeísta, que cobra especial importancia con la crisis económica. Fue ya durante el un tanto tortuoso proceso de ratificación de Maastricht que algunos analistas identificaron que el proceso de integración europea estaba ya de algún modo politizándose. Aunque no sería una década después, durante el proceso de ratificación del Tratado Constitucional, cuando la cuestión de la oposición popular y política a la UE salta a la palestra pública con toda su fuerza. Los “noes” francés y holandés a la Constitución europea ratifican definitivamente la creciente brecha entre la Unión y sus ciudadanos, a la par que se hace patente que ha “despertado” lo que autores como Van der Eijk y Franklin (2004) denominaron como “the sleeping giant”, es decir, la oposición política hacia la UE.

Van der Fijk y Franklin ponen de manifiesto que la cuestión de Europa está ya de algún modo “madura para su politización”, siendo tan sólo una cuestión de tiempo que los partidos políticos se diferencien unos de otros en “UE terms”. Tradicionalmente, la UE había sido efectivamente despolitizada: no existe la posibilidad de organizar una oposición dentro del sistema, ni tampoco una arena donde hacerlo; no es posible un verdadero debate político, ni la expectativa de alternancia en el gobierno, como tampoco una oposición que pueda apelar a los votos de los ciudadanos en unas elecciones democráticas. De ahí que el hecho de que los Partidos políticos europeos nombren a su candidato a presidente de la Comisión cobre una especial significación en estas elecciones de 2014: la expectativa de alternancia política política es esencial en toda democracia, y vital para despertar el interés de la ciudadanía por el proceso. Hasta ahora, esto no ha existido en la UE, por mucho que elijamos a un Parlamento transnacional cada vez más dotado de poderes legislativos y presupuestarios.

La Educación, como no podía ser de otro modo, salió a colación con frecuencia en el debate desarrollado en La Granja. Con María Irigoyen hablamos de la necesidad de una asignatura común sobre la historia de Europa y del proceso de integración europea, así como sobre el funcionamiento de nuestras instituciones comunes, cuyos contenidos deberían consensuarse a nivel comunitario. Aunque todos sabemos que la educación no es competencia de la UE (solo a modo de “apoyo” o “coordinación”), propuse que la Comisión sí podría realizar una recomendación en este sentido a los Estados miembros. Al final, cuestiones que han emanado de la UE, como las competencias clave para el aprendizaje permanente, han acabado incluyéndose en los curriculum escolares de los países europeos, por lo que no sería descabellado pensar en esta posibilidad.

Con el eurodiputado popular, Pablo Zalba, charlamos también sobre educación, en concreto sobre el programa Erasmus, que recientemente cumplió 25 años de existencia y ha contribuido, como bien apuntó Zalba, a “cohesionar”  la UE y despertar el sentimiento de identidad europea mucho más que ninguna otra política comunitaria. Erasmus, “la joya de la corona” europea, doblará en 2014 su presupuesto, y nuestro eurodiputado apostó además por la posibilidad de que fuera una experiencia obligatoria en el plan de estudios de las universidades europeas.

Con Zalba hablamos igualmente de ese mito sobre el Parlamento Europeo, del que muchos piensan que se ha convertido en una institución en la que colocar de algún modo los “excedentes” políticos nacionales (el denominado “cementerio de elefantes“). Nada más lejos de la realidad, porque hay muchos eurodiputados jóvenes, y otros muchos no tan jóvenes que trabajan con entusiasmo en la política europea, y lo más importante, creen en Europa. Zalba tampoco eludió debates como el de la polémica creada sobre los vuelos en primera clase (reconoció que fue una equivocación y que por ello rectificaron) que desató en redes como Twitter el hashtag “#eurodiputadoscaraduras”.

Hablando de hashtags, el creado para nuestro encuentro #parlamentar2013 llegó a ser el segundo tema más comentado (TT) en Twitter en la mañana del viernes 4 de octubre, todo un éxito. Hay que felicitar por ello al estupendo equipo de comunicación y redes sociales (Aitor, Carlos…) de la oficina del Parlamento Europeo en España (que además, emitió en streaming el acto) y por supuesto, a todos los que estábamos allí. Fue estupendo volver a “parlamentar” con “europeístas recalcitrantes” (grande @PacoLuisGRX) como @jjmorante, y @didacgp. Y un placer conocer a otros como @iusufr, @monica_armada, @Iulius_86, @PatriciaGuaspB, @sllaudes, @nemosegu, @Marta_Hdez_Ruiz  y resto de compañeros que participaron en el debate.

eu2013

 

Para finalizar, os dejo con el vídeo resumen del encuentro, no os lo perdáis ¡Hasta la próxima!

(1) Referencia citada:

Van der Eijk, C., & Franklin, M. N. (2004). Potential for Contestation on European Matters at National Elections in Europe. En G. Marks & M. N. Steenbergen (Eds.), European Integration and Political Conflict (pp. 32-50). Cambridge:
Cambridge University Press.

Encuentro “El Parlamento Europeo y las Redes Sociales”

Los próximos 3 y 4 de octubre, el Parlamento Europeo ha convocado a un grupo de bloggers y comunicadores que escriben sobre la UE, en La Granja (Segovia), para celebrar un encuentro en el que se debatirá sobre las inminentes elecciones europeas, las fórmulas de comunicación en Internet para informar e implicar a los ciudadanos en el proyecto europeo, así como sobre temas de especial importancia como el empleo juvenil.

Se trata del segundo de este tipo de encuentros-debate, en el que tendré la suerte de participar junto a otros bloggers y tuiteros “europeos”, que volvemos a reencontrarnos “físicamente”, gracias a iniciativas como ésta del Parlemento Europeo (la primera fue en Córdoba, allá por diciembre de 2010) o el ya clásico concurso de blogs de la Comisión Europea. Las Redes Sociales (blogs, twitter…) son un instrumento fundamental para crear opinión pública europea, “el punto de encuentro para el debate europeo” (tal y como nos decía en este blog en una entrevista, la responsable de la web en español de la Eurocámara, Bárbara Quílez) y así lo han entendido las instituciones comunitarias.

En este nuevo Encuentro en La Granja, tendremos la oportunidad de debatir estas experiencias precisamente con Bárbara Quílez, además de, entre otros, con los eurodiputados María Irigoyen y Pablo Zalba. El intercambio de ideas será sin duda enriquecedor. Os contaré a la vuelta, y, mientras tanto, desde Twitter con la etiqueta #parlamentar2013

google_coverpics_3visuals_en